martes, 16 de febrero de 2010

Conoce un restaurante donde sólo se sirven penes


¿De lo que se come se cría? Interesante pero manida cuestión. Todos los que coman con los compañeros de trabajo o en un ambiente distendido habrán oído los típicos comentarios subiditos de tono al escoger un plátano de postre, por poner un ejemplo al tuntún. Ya, no es algo que suceda automáticamente, pero suele pasar. Se suele dar la misma circunstancia con otros alimentos como butifarras, huevos o rabo de toro.

La coletilla “de lo que se come se cría” hace acto de presencia en cero coma de la mano del simpático o cachondo del grupo, al que se le hace difícil resistirse a la tentación de realizar el comentario de marras, sobre todo en épocas hormonalmente convulsas, como la primavera. Qué le vamos a hacer.

Sin embargo, la fe absoluta en el principio causa-efecto suele ser consustancial al alma humana desde que nuestro antepasado más remoto consiguió hacer fuego golpeando dos piedras, aunque en un principio no tuviera muy clara la explicación del fenómeno o le otorgara una característica mágica. En el campo del sexo este tipo de argumentos siguen funcionando a las mil maravillas, especialmente cuando hablamos de alimentos presuntamente afrodisíacos.

En alguna ocasión hemos comentado cómo algunos alimentos se consideran tradicionalmente afrodisíacos simplemente por su forma, cuando recuerdan a los genitales masculinos o femeninos; por sus propiedades vasodilatadoras o por el escozor que provoca su ingesta en la zona uretral y que se identifica con el despertar del deseo sexual.

En algunas culturas, sin embargo, se sigue creyendo a pies juntillas en las virtudes mágicas de la comida aplicada al rendimiento sexual. La cultura china es posiblemente la más crédula en este tipo de cuestiones. Sin ir más lejos, la gran demanda de cuerno de rinoceronte (un poderoso potenciador de la libido para los chinos) ha llegado a provocar prácticamente la extinción de dicha especie en el continente asiático.

Otro ejemplo de lo dicho lo encontramos en la reciente apertura en Pekín de un restaurante cuya carta la componen única y exclusivamente platos elaborados con pene. Se llama “Guolizhuang” y en él es posible degustar penes y testículos de ciervos, yaks, serpientes, caballos, focas y patos, entre otros. Dicho así a la brava suena fatal, pero los chinos son unos maestros en el arte de la nomenclatura, como queda demostrado en algunos nombres de los platos de dicho restaurante como “La esencia del Buda dorado”, “El resurgir del fénix” o “La mirada al tesoro en el desierto de arena”. Son unos cracks, aunque en mi opinión no superan el tradicional “Hormiga sube al árbol”, que en el chino de al lado de mi casa han bautizado como “Hormiga sube al albol” (lo juro) en el cartel de la puerta.

Se suele decir que los chinos se comen todo lo que tenga cuatro patas, excepto una mesa, o todo lo que vuela, excepto un avión. Aunque el consumo de casquería no es exclusivo a la cultura china (todavía recuerdo las criadillas de cordero con que mi abuela amenizaba mis cenas infantiles), el hecho de considerar estos platos como una especie de Viagra natural está muy arraigado en dicha cultura.

Los precios no son muy económicos que digamos. Un pene de yak, por ejemplo, cuesta 179 €, pero existe un menú degustación que consiste en un plato de diez penes de diferentes especies que cuesta 89 €. Así te hacés a la idea de qué va la cosa y cuando vuelvas ya sabes cuál te ha gustado más. Por cierto, sus responsables advierten que pronto abrirán más locales por toda China y fuera de sus fronteras, concretamente en la ciudad norteamericana de Atlanta. ¿Alguien se anima?

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