sábado, 3 de abril de 2010

A los amish no les gusta la reforma sanitaria de Obama

La reforma sanitaria aprobada por Barack Obama tiene como uno de sus principales objetivos la universalización de la asistencia en EEUU (incluso obligando a contratar un seguro a quien no lo tenga). Pero, ¿qué pasa con aquellos que no lo quieren, incluso aunque se lo paguen?

Hay numerosos estadounidenses que no tienen contratado un seguro médico porque no quieren y no porque no puedan pagarlo. Buena parte de los 32 millones de personas sin cobertura, que los medios se empecinan en presentar como los grandes beneficiados de la reforma, tomaron libremente la decisión de permanecer sin seguro por diversas razones. Y entre ellos destacan por su peculiaridad los amish, esa comunidad anabaptista que vive principalmente entre Ohio y Penssylvania y que popularizó Harrison Ford en la película Único Testigo.
Los primeros amish emigraron a Estados Unidos en busca de la libertad religiosa que se les negaba en Europa. Una vez en el Nuevo Continente, decidieron vivir conforme a sus creencias incluso aunque no fuesen comprendidas por sus compatriotas. Entre estas peculiaridades está el no contratar seguros ni aceptar la asistencia del Gobierno en aspectos sanitarios. Según Steven Nolt, profesor en el Goshen College, los amish creen que “es responsabilidad fundamental de la comunidad cuidar por las necesidades materiales de los miembros de la iglesia”.

De esta manera, cuando uno de ellos tiene que acudir a un médico y pagar por sus servicios una factura muy elevada, el resto de los vecinos pone dinero de su bolsillo para ayudarle. Tal y como Nolt explica, es como una especie de seguro comunitario (y voluntario) que cubre a los amish y que se basa en confiar en el prójimo más que en el Estado.

Ahora, la duda que surge es si el plan de Obama, que incluye la obligatoriedad para todos los norteamericanos de contratar con una compañía aseguradora antes de 2014, también cubrirá a los amish. Y muchos analistas se preguntan si es lícito que el Estado obligue a sus ciudadanos a hacer algo por el mero hecho de que el Gobierno crea que es algo positivo para ellos mismos.

Esta comunidad, centenaria ya en los EEUU, está especialmente molesta con la reforma sanitaria de Obama. Los amish ni pagan ni utilizan seguro de salud y además están exentos de la Seguridad Social de los EEUU, según el proyecto de ley relativo al llamado Medicare, promulgado en 1965.
Como parte de su rechazo a los seguros, los amish no aceptan ayuda del gobierno, ni en salud ni en alimentación. Conviene recordar que los amish sí pagan impuestos con la esperanza de que les dejen mantener su estilo de vida. Pagan tributo por escuelas que no utilizan y otras infraestructuras que les son ajenas.
Con estas premisas es fácil comprender por qué la reforma sanitaria que pretende implantar el presidente norteamericana mantenga a esta comunidad inquieta.
Entre los amish (no son los únicos, otros grupos religiosos mantienen la misma postura), la principal preocupación es para los empresarios. El proyecto de ley aprobado incluye una cláusula que puede servir para que se permita la objeción de conciencia a nivel individual (aunque este extremo todavía no está claro) pero a la que no podrán acogerse las empresas.
Así, cualquier amish que tenga una compañía tendrá que asegurar a sus trabajadores, incluso aunque todos ellos sean parte de su comunidad. Es más, aunque algunas empresas ya tienen pequeños programas para ayudar a sus empleados, la nueva normativa obligará a que se pague a las aseguradoras, como mínimo, el 65% de una cuota familiar por cada uno de sus trabajadores. Esto supondrá una importante subida en los costes de producción que soportan los amish emprendedores.

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