martes, 2 de marzo de 2010

Juan Pablo II le vendió un piso a una pareja gay


Poco parecía importarle entonces al Vaticano que la casa legada al Papa por una piadosa cristiana fuese a convertirse en el hogar de una pareja cuya naturaleza atentaba contra la creación humana, como años más tarde se refirió a las uniones homosexuales el sucesor de Woytila, Benedicto XVI. “La Iglesia no nos quiere, pero para hacer negocios, sí”, afirma Alberto.

Con el paso del tiempo, como muchas otras parejas, Alberto se separó y conoció a Miguel Ángel, su actual marido y casualmente (o no) presidente del Colectivo de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de Madrid (COGAM).

Comenzaron a vivir juntos e iniciaron varias reformas. El encargado de llevarlas a cabo era un chico muy católico nacido en Polonia, patria de Juan Pablo II. “Cada vez que le enseñábamos las escrituras del piso con el nombre del Papa el pobre se santiguaba”, recuerda Alberto divertido.

Ambos se casaron el 11 de julio de 2008, tres años después de la entrada en vigor de la ley que permitía las bodas entre personas del mismo sexo.

Tan creyente era la vecina de Alberto que, a su muerte, dejó en herencia su piso de la madrileña calle La Paloma al mismísimo Papa Juan Pablo II. Era el año 93 y en España aún no existían ni las leyes de parejas de hecho.

Cinco años más tarde Alberto, que vivía junto a su novio bajo el piso de la fallecida y católica señora Patrocinio, notó que tenía humedades en el techo. Al intentar contactar con el dueño del inmueble se dio de bruces con el nuncio apostólico de la Santa Sede en España, es decir, el representante por aquel entonces de su santidad en nuestro país. “¿Os gustaría quedároslo?”. La oferta de venta por parte de Monseñor Lajos Kada fue inmediata.

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