jueves, 24 de diciembre de 2009

El Rey de Bélgica deja un palacio real a dos familias sin hogar para pasar el invierno

Dos familias sin hogar pasarán todo el invierno en uno de los palacios que usa el rey de los belgas, Alberto II, gracias a una iniciativa promovida por el propio monarca ante la crisis que afronta el país, informaron hoy medios locales.

La familia real belga ha vivido diferentes acontecimientos en Ciergnon, como el bautizo en 2001 de la princesa Elisabeth, hija de los príncipes Felipe y Matilde y la segunda en la línea de sucesión de la Corona de Bélgica, por detrás de su padre.

El espacio para las dos familias estará habilitado a partir de la semana que viene, sin embargo, todavía no se conoce la identidad de los futuros moradores.

El castillo de Ciergnon forma parte del patrimonio real, pero no es uno de los bienes privados del Rey, sino que pertenece al Estado, que lo pone a disposición de la Familia Real.

Las autoridades belgas se han reunido durante esta semana para encontrar una solución al problema de los sin techo, entre los que hay numerosos demandantes de asilo, ya que la ley del país exige que la Administración garantice el alojamiento de estas personas mientras se estudia su solicitud.

De cara al invierno, el Gobierno ya ha puesto en marcha un plan de urgencia para acoger a unas setecientas personas antes del fin de año, recordó ayer el primer ministro, Yves Leterme.

Además, Leterme declaró este jueves que durante la últimas semanas se han creado nuevas plazas de acogida, por lo que entre 16.000 y 17.000 personas ya disponen de un lugar donde pasar la noche.

Sin embargo, reconoció que todavía hay, al menos, 22.000 solicitantes de asilo sin cobijo, cifra que, según Leterme, continúa creciendo.

Por ello, pidió a la población y a las organizaciones sociales que lleven a cabo iniciativas locales, como la que él mismo puso en marcha en su barrio y que ha permitido dar alojamiento a una docena de personas.

Ante la saturación de los centros de acogida de solicitantes de asilo, las autoridades belgas recurrieron al pago de habitaciones de hotel, pero la falta de recursos suficientes ha hecho que muchos tengan que refugiarse en estaciones de ferrocarril y metro.